El Dublin Writers Museum en lo que fuera el palacete estilo jorgiano de Jameson (fundador de la célebre marca de whiskey irlandés). En las salas manuscritos y obras principes de Joyce, Swift, Shaw, Beckett, Stocker, Bihan y el mundo colorado. Por ahí pongo la primera edición de Ulises y Dracula. El audioguía es excelente y tiene incluso pasajes enteros de Ulises dramatizado con el acento típico dublinés.
El Gran Correos Central de Dublín, un edificio altamente simbólico por cuanto gran parte de los conflictos políticos del siglo XX empezaron en su gran sala, incluida la independencia de Irlanda:
El monumento más visible, y menos visible a la vez, de Dublín. Una altísima flecha sin ton ni son erigida en el lugar que ocupaba la dinamitada (por el IRA en su tiempo) del almirante... inglés... Nelson. Lo mejor es la perspectiva de un atardecer soleado en Dublín. La sabia naturaleza rectificando siempre nuestros errores. No entiendo cómo hay gente tan torpe que se dan cuenta de las ventajas multiples del ecologismo:
Las fachadas de ladrillos rojos y las puertas de colores chillones. Me imagino que para facilitarle la vida a los maridos que las encontrarán mejor en medio de la niebla y el chinchín cuando regresan pasaditos de tragos de los pubes:
Las carnicerías son una belleza. Ahora bien: no sé dónde meten esas exquisiteces cárnicas porque para encontrar un restaurante que valga la pena hay que bajar a San Patrick del séptimo cielo:
Temple Bar, el barrio de los bares y vida nocturna que no se llama así por los bares como todo el mundo cree. Eso es como el Quartier Latin de París que la gente cree que es "latin" porque está lleno de latinos y en realidad se llama de ese modo porque los estudiantes de La Sorbona hablaban en latín... hace 3 siglos.