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12 juil. 2012

Una columna sobre La gema... en El Tiempo, de Bogotá

Una reseña de mi novela La gema de Cubagua en el periódico El Tiempo, de Bogotá. Gracias a Andrés Candela. Enlace a continuación :

El Tiempo / Bogota / columna Andrés Candela


4 juil. 2012

En el Museo del Louvre - El Nuevo Herald

Cuando Tahína Planas falleció no escribí nada. Ahora que Olga Connor vuelve a visitar París me viene a la memoria cuando en 1998 hizo un viaje en el que Tahína y su esposo, Pedro Portal, venían también. Tahína era una persona extremadamente suave, muy amable, paciente, dulce. Era abogada y muy profesional. Siempre le decía que la recordaría toda mi vida porque mi primera multa conduciendo en Miami fue ella quien me la limpió, hace mucho tiempo ya. Vuelve Olga a París, esta vez con su familia, y deja que les guíe por un museo que conozco como la palma de mi mano. Una oportunidad para evocar algunos cuentos y obras del libro que compartí con Regina Avila. Aquí esta foto, el enlace y artículo de Olga Connor en el Herald de hoy:

A cada rato Olga Connor se aparece por París. Esta foto es ya una reliquia, pues fue tomada en París, en 1998. Aparece en ella Olga Connor y también la amiga Tahína Planas (qepd).



Vacaciones en París, recibimiento en el Louvre
por Olga Connor
En Nuevo Herald, miércoles 4 de julio de 2012.

Aunque los lectores hayan notado mis columnas y artículos en el periódico, he estado en Europa, adonde fui en un viaje de enseñanza para mi nieto Evan Connor, de siete años y medio. En París, tuve la suerte de contar con un amigo crítico de arte, William Navarrete, que accedió a mostrarnos con detalles aclaratorios algunas de las obras más representativas del Louvre.

LA CANOPEA DEL LOUVRE

Regina Avila (nombre real: Regina Al Sowayel) y William Navarrete habían publicado La canopea del Louvre (segunda edición, 2010, Valencia), con prólogo de Ramón Alejandro, titulado Dos criollos ante la esfinge, con el objeto de analizar obras suyas favoritas en el Museo del Louvre, pero no a la manera académica o crítica, sino a la luz de su imaginación. Publicado en español y francés, el libro ya ha sido reseñado en este diario, pero Navarrete nos mostró algunos cuadros de los que seleccionó en su obra.

Entre los que glosó, La balsa de la Medusa/Le Radeau de la Méduse, de Théodore Géricault (1819), es un cuadro icónico del romanticismo francés, inspirado por el naufragio de la fragata francesa Medusa, frente a las costas de Mauritania el 5 de julio de 1816. Unas 147 personas se montaron en una balsa construida rápidamente, pero todos menos 15 murieron en los 13 días antes del rescate. Hubo canibalismo, locura y deshidratación durante la espera. Navarrete lo interpreta en su libro como un símil del naufragio de la isla de Cuba. “Nuestra isla se hunde”, comienza su escrito. “Los últimos sobrevivientes del cataclismo nos hemos puesto a salvo”.

El nombre de la Medusa en el barco no auguraba nada bueno. Y a un niño le fascina la metáfora de un rostro cubierto de serpientes que pueda petrificar a un hombre o condenarlo al abandono en el mar. Eso fue lo que pasó en esta obra tan gráfica que refleja un hecho histórico.

LOS TESOROS DEL LOUVRE

Evan le llama “Leo” a Leonardo da Vinci. El, mi nuera Shawn, mi hijo David y yo, quisimos ver la Mona Lisa, ahora tras cristal blindado. Es un cuadro que tiene muchas vidas y ahora se han resaltado otras obras de Leonardo o relacionadas con él, en una exposición en el Louvre que cerró el 25 de junio, alrededor de una Santa Ana, La virgen y el niño con Santa Ana, la última obra maestra del artista, que dejó incompleta y ha sido restaurada, y en España otra Mona Lisa de un discípulo, que pudo haber sido Andrea Salai o Francesco Melzi.

Para prepararnos para esta experiencia pasamos a ver otras obras renacentistas y prerrenacentistas, como los frescos de la Villa Lemmi, en Florencia, realizados por Botticelli hacia 1486, bajo encargo de la familia Tornabouni. “Los únicos dos frescos que se conservan los posee el Louvre”, dijo Navarrete. De Giotto, vimos el retablo San Francisco de Asís recibiendo los estigmas, del siglo XIII, que proviene de la iglesia de San Francisco de Pisa. “La obra es de gran importancia porque en el panel central se trabaja lejos de los cánones hieráticos que hasta entonces se pintaban y se esbozan los primeros intentos de perspectiva con la finalidad de dar a la obra un movimiento interior hasta esa fecha inédito”, comentó el crítico de arte. El tema de la perspectiva tuvo gran interés para un niño de siete años. También los temas históricos.

Un gran cuadro de ejemplo fue La coronación de Napoleón, en presencia del papa Pío VII, ocurrido en 1804 en la catedral Notre Dame de París. Para afirmar su independencia con respecto a la Iglesia, Napoleón se coronó a sí mismo. “David redujo la perspectiva de Notre Dame para darle mayor visibilidad a los personajes y cubrió de cortinajes parte de las paredes y vitrales que todavía conservaban las cicatrices de la Revolución Francesa”, nos informó Navarrete.

Mi hijo David quiso mostrar a mi nieto La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, (1830), sobre la sublevación de los parisinos durante tres días conocidos como “Los Tres Gloriosos”, en contra del rey Carlos X, en el mismo año 1830. “Una de las medidas que el Rey pretendía aplicar era la de suprimir la libertad de la prensa”, dijo Navarrete. “La revuelta obliga a Carlos X a abdicar. Es de gran valor documental, pues Delacroix pinta el lienzo el mismo año en que suceden los acontecimientos”.

Vimos, por supuesto, la Venus de Milo, del período helenista (130 a 100 antes de Cristo), descubierta en la isla de Milo, en el mar Egeo, en 1820. Y también de ese período, La victoria de Samotracia (190 antes de Cristo). Mandada a esculpir en mármol sobre una base que imita la proa de un barco, y que se consideró una conmemoración de la victoria naval en Salamina contra la flota de Ptolomeo Sóter, 200 años antes; pero pudo haber sido una celebración de las victorias de Antioco III Megas.

Después de otros descubrimientos, admiramos finalmente el tesoro de la corona francesa en la recién restaurada Galería Apolo. “Fue creado por François I en 1530, pero gravemente amputado por el Estado durante una subasta organizada en 1887”, aclaró Navarrete. No hay duda de que las joyas siempre deslumbran, tanto a chicos como a mayores.

17 juin 2012

Hoy en El Nuevo Herald: Diego Garzón, editor de SoHo

Hoy escribo sobre (y entrevisto a) Diego Garzón, editor de la revista SoHo, la de mayor difusión en América Latina, con sellos editoriales en varios países, para El Nuevo Herald:


Diego Garzón, editor de SoHo, la revista de mayor difusión en América Latina
© foto: Mark Tomaras


SoHo: una revista en buenas manos
William Navarrete
domingo, 17 de junio de 2012
© El Nuevo Herald - All Rights Reserved

Editor general de la revista SoHo, Diego Garzón declina amablemente en favor Daniel Samper Ospina, director de la publicación, mi propuesta de entrevista. Tengo que explicar que no sólo considero esencial el papel de editores y redactores en general, sino que me interesan también los libros sobre arte que ha publicado y sus puntos de vista en general.

Nació en Bogotá, en 1974 y estudió periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali. A los 11 años fundó Nuestra floresta, un periódico en su barrio y perseverante lo mantuvo hasta culminar el colegio. Debe a su padre, abogado de profesión, poeta cuando una estrella le iluminaba el rostro, su vocación por las letras. A él tendrá que deber también que ahora saquemos a relucir su labor pues un amigo me extendió el texto de Diego Garzón publicado en SoHo "Todo sobre mi padre". Me pareció una auténtica disección médica a la vez que filosófica, un pausado homenaje en vida sobre la vida de un hombre en el ocaso de sus capacidades físicas. Sin dudas, un homenaje también a todos los silencios entre padres e hijos, tan dolorosos a veces como necesarios. Fue éste el preámbulo de nuestro intercambio.

Me pregunté cómo alguien capaz de escribir aquel artículo puede editar una revista de la que dicen son connotados los encuerismos de célebres o anónimas féminas. De la mano del hijo explicándose ante el padre fue que abrí el último número de la revista, fundada hace ya trece años en Bogotá, cuyo concepto y nombre se ha extendido a Argentina, México, Costa Rica, Panamá, Ecuador y Perú. Nunca tuve en mis manos una revista que se autoproclame "dirigida a un público masculino". Pasadas las páginas muy bien logradas de cuerpos femeninos esculpidos por lentes como cinceles de luces, hojeé las secciones temáticas de la edición 142. Todo lo que leí me pareció tan variopinto como excelente y es que los temas varían pero la constante es la escritura de pulso firme.

En el último número, por ejemplo, Sandro Mairata rescata la obra y nombre del cubano Aurelio Baldor de la Vega, fundador del célebre colegio en el barrio habanero del Vedado y autor de un método de estudios de matemáticas que fue manual de aprendizaje para muchos estudiantes en toda América Latina. Baldor murió en Miami en 1978, allí está enterrado y olvidado. Mairata creía que detrás del apellido que daba nombre al método, se escondía un sabio árabe de otros tiempos que sería el mismo que con turbante exhibían las portadas de los manuales. Su sorpresa al saberlo cubano fue tan grande como la mía, nacido después de 1959, al enterarme de la existencia de su popular e internacional método de estudios. El Baldor de La Habana es hoy y fue durante mi vida en Cuba una escuela de paredes descascaradas con ventanas desvencijadas y jardines mustios. Un derrumbe más en esa Isla antes tan próspera.

Son sorpresas de SoHo.  Hay muchas más. La clave del éxito va más allá de simples desnudos. Le pregunto a Diego Garzón si no cree que los lectores (los voyeurs más bien, digo para provocar) son exclusivamente hombres sedientos de cuerpos de mujeres ligeros de prendas y que de ello, con oportunismo, saca partido la revista. " Si la gente sólo quisiera ver desnudos femeninos -responde defendiendo la línea editorial-, SoHo no tendría el éxito que tiene, ya que para ver desnudos basta con entrar a Internet y buscarlos gratis." Y añade: "SoHo tiene una mezcla donde obviamente un gancho importante es el de las mujeres bonitas en portada, pero combinado con un buen número de firmas y escritores con temas tan interesantes como irreverentes. Entre esas firmas se hallan la del actual Presidente de la República, las de ex Presidentes, alcaldes, políticos, pero también las de personalidades como Joan Manuel Serrat, Sabina, Carlos Vives, Fito Páez, o escritores y periodistas como Fernando Savater, Leila Guerriero, Fernando Vallejo, Roberto Fontanarrosa, Juan Villoro, Jorge Volpi, Martín Caparrós, Rubem Fonseca, Alberto Fuguet, Santiago Roncagliolo, entre tantos otros".

Los temas de esta publicación mensual son muy variados. "Van desde crónicas de largo aliento, hasta artículos de humor, caricaturas, testimonios, diatribas y entrevistas", nos dice. La revista se abre a nuevos horizontes, da giros de 180 grados. "Desde hace tres años hacemos una revista anual que es la versión femenina de SoHo, números donde salen desnudos masculinos en portada, como el frontal de Faustino Asprilla, un inédito para una revista que no sea pornográfica", apunta refiriéndose a las fotos de este futbolista colombiano ya retirado.

Diego Garzón lee al guatemalteco Augusto Monterroso, a Julio Ramón Rybeiro, a Julian Barnes. Admira la obra pictórica de Marc Chagall y la de colombianos contemporáneos: José Alejandro Restrepo, Doris Salcedo, Beatriz González, Oscar Muñoz, entre otros. Su plato preferido es la paella con abundantes mariscos, no come postres y ha publicado dos libros sobre arte. En el primero de éstos, Otras voces, otro arte (Ed. Planeta), entrevista a diez pintores colombianos; en el segundo, titulado De lo que somos, indaga sobre la esencia de su país a partir de 110 obras de arte que considera puntuales. Pregunto si no le teme, en épocas de globalización, a dar una imagen de defasaje al intentar mirar a Colombia desde y hacia dentro.

"Creo que las obras que abordo en el último libro han sido hechas casi todas dentro del contexto colombiano, pero adquieren carácter universal. En muchas de ellas un latinoamericano podría identificarse y reconocerse porque superan los límites de la nacionalidad colombiana", afirma y cita luego un ejemplo refiriéndose al trabajo de Rosemberg Sandoval, quien limpia a un indigente dentro de un Museo y también a la artista Doris Salcedo quien ha abierto una grieta en la sala de turbinas de la Tate Modern de Londres. "¿Por qué una colombiana -se pregunta convencido de que tales acciones se desmarcan del concepto de nacionalidad-, se atreve a llegar a uno de los templos del arte contemporáneo y deja en él esa grieta?

SoHo es bogotana o, al menos, nació reflejando un espíritu propio de la capital colombiana. Es lo que capto y le comento después de hojear algunos de sus números. Diego Garzón desaprueba mi punto de vista. Para él la revista es "nacional con contenido universal: no está hecha por bogotanos para bogotanos, de entrada en las portadas aparecen artistas y modelos de muchas partes del país, así como también lo son los escritores invitados". A modo de ejemplo cita a Alberto Salcedo, costeño, a quien considera uno de los mejores cronistas de SoHo. Ha sido laureado como periodista por artículos como aquel en que contaba la historia del boxeador Pambelé, su coterráneo.

La revista puede leerse en Internet. Los lectores interactúan mediante comentarios. Le pregunto si poder leerla en la red no limita los compradores de la edición impresa; si los comentarios, tratándose de una revista con temas y matices que escandalizan a los sectores más conservadores, no son moderados. "Desde hace unos meses para comentar es necesario realizar una previa inscripción dejando datos reales de usuario. En SoHo, como en muchos otros medios, hay lectores que utilizan mal la tribuna abierta y la emprenden contra modelos, cronistas e, incluso, contra otros comentaristas. Aceptamos todo lo que se quiera decir siempre y cuando se haga con respeto. No admitimos groserías ni comentarios pasados de tono", responde al referirse a un tema que atañe hoy a casi toda publicación virtual.

Cualquier adepto de las bellas mujeres envidiaría la posición de Diego Garzón, si se tiene en cuenta la presencia en las sesiones fotográficas de las modelos mostradas en sus páginas. "En seis años que trabajo para la revista -aclara- nunca he estado en una sesión de fotos. Mis amigos envidian mi posición, pero se desencantan inmediatamente cuando se enteran que a mí me toca la parte que para ellos resulta la más aburrida: leer y corregir. A las modelos sólo las veo cuando, a veces, pasan por mi oficina para la selección de fotos. Me digo que es una lástima y que ya es hora de que asista a alguna sesión de estudio".

Diego Garzón no parece muy locuaz. Los editores casi nunca lo son porque leen siempre en voz baja o muy para sus adentros. La revista sí habla, mucho, por sí sola. Tiene calidad y es un producto inesperado en un continente donde, de costumbre, este tipo de producto solía circular siempre entre manos de una reducida élite. A veces al lector hay que mostrarle lo que es bueno en pequeñas dosis. La actitud denota paciencia y es un recurso inteligente para, entre una atractiva imagen y una hermosa sonrisa, acostumbrar al lector medio a textos más elaborados, a mensajes menos triviales. Creo que de todo ello está consciente el joven equipo de SoHo. Me parece que Diego Garzón lo sabe y para  no romper el encanto, se lo calla.

Del pasado - Catalejo en lontananza

El 17 de noviembre de 2011 falleció en Miami el querido y elegante amigo José Miguel González-Llorente (La Habana, 1939) quien había vivido durante décadas de exilio en Venezuela, donde había sido empresario y exitoso publicista, antes de establecerse en Miami a mediados de los noventa. Su llegada a Miami coincide con su jubilación y en ese periodo comienza a publicar sus primeros libros de cuentos y novelas. Sobre uno de ellos, titulado Reloj de sangre, ahondé mediante una reseña para El Nuevo Herald del 13 de noviembre de 2005.

Los González-Llorente descienden de una vieja familia gaditana llegada Cuba a mediados del siglo XVIII. Los primeros que se instalaron en Cuba eran los hermanos Alonso y José González-Llorente y Rodríguez quienes estaban establecidos en Bogotá, ciudad que cambiaron por La Habana tras la revolución independentista de la Nueva Granada, en 1810.

Los obituarios tal y como se conciben, con sucesión de fechas, datos, obra, etc. me han parecido siempre de lo más insulsos. De hecho, no suelo escribirlos, sino que más bien espero a que llegue el momento de evocar la pérdida de la persona, el día en que espontáneamente siento que me corresponde hacerlo. José Manuel fue cómplice de presentaciones y actividades literarias en Miami. En una ocasión publicó en la colección La Biblioteca de la Libertad una obra de ensayos con respecto a las bibliotecas independientes cubanas titulada Voces tras las rejas (2004) y me invitó a escribir un artículo que titulé Europa: el fin del letargo que fue publicado en ese libro. Más tarde, en agosto del 2005, íbamos a presentar el poemario de Regis Iglesias Ramírez Historias gentiles antes de la Resurrección cuando el ciclón Katrina, de paso por Miami, nos obligó a suspender la actividad. José Miguel removió cielo y tierra para que el poemario del poeta, entonces cautivo en una cárcel cubana, no pasara al olvido y coordinó entonces, casi en estado de emergencia, una presentación en los antiguos locales del Directorio Democrático, en Miller Drive, en donde junto a Janisset Rivero y el escritor Manuel Vázquez Portal pudimos presentarlo el 30 de agosto de 2005. Un año después, cuando publiqué Catalejo en lontananza (Valencia, 2006), la antología de mis crónicas y artículos periodísticos de tema cubana en un mismo volumen José Manuel coordinó su presentación en el ICCAS de la Universidad de Miami y escribió un hermoso texto titulado Un catalejo que es también lupa, microscopio y anteojo del futuro, leído aquella tarde de julio de 2006.

Desde entonces, nuestra amistad no dejó de fructificar. En su compendio de cuentos La confesión del comandante (2006) me dedicó el cuento Su último libro con un exergo de Borges que lo resume todo: "basta que un libro sea posible para exista". Nadie mejor que él que tanto hizo para que muchos libros existiesen, entre ellos mi Catalejo en lontananza. De su mano de antiguo alumno jesuita y hermano de un sacerdote de esta orden, conocí por dentro la sede del Colegio de Belén en Miami, continuación de la célebre institución educativa cubana, nacionalizada a principios de la revolución de 1959. En aquella ocasión presentó Mártir de Guajaibón durante la inauguración del muro de los mártires, con respecto a antiguos alumnos belemitas fallecidos en estas circunstancias. En su libro, González-Llorente rendía merecido homenaje a su amigo belemita Julián Martínez Inclán, innecesariamente ahorcado, al pie del Pan de Guajaibón, en Pinar del Río, un 28 de diciembre de 1958, por la soldadesca batistiana.

Ahora que rememoro nuestra amistad a evocar también algunos momentos relacionados con mi libro Catalejo en lontananza porque sobre él escribió José Miguel el hermoso texto que mencioné antes. A pesar de ser tan distantes en cuanto a generaciones y vivencias siempre fluyó entre nosotros la amistad como si hubiésemos nos conociésemos desde la infancia. Yo desalmidonaba la seriedad con que José Manuel trataba ciertos temas y él no paraba de reírse de mis ocurrencias e irreverencias. A cambio, recibí el justo valor de la objetividad y la mesura cuando de opinar se trata. Digamos que, durante el tiempo que le frecuenté y las muchas ocasiones que hablamos conocí muchas de las enseñanzas que él adquirió con los jesuitas pero, sobre todo, con la vida. 


Catalejo en lontananza. Crónicas cubanas. 1995-2005, con portada del fotógrafo de Roberto Marquino, Ed. Advana Vieja, Valencia, 2006, 312 páginas.

Afiche de la presentación de Catalejo en lontananza en la 37 Feria del Libro de Valencia

El 29 de abril de 2006 presenté Catalejo en lontananza junto al editor Fabio Murrieta en la 37 edición de la Feria del Libro de Valencia (la más antigua de España)

El periodista y poeta Manuel Vázquez Portal escribió este artículo sobre mi libro en El Nuevo Herald, 20 de junio de 2006.

Olga Connor escribe también en El Nuevo Herald una crónica tras la presentación de Catalejo en lontananza. El Nuevo Herald, 1 de agosto de 2006.

Presentación de mi libro Catalejo en lontananza en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-americanos de la University of Miami, el 27 de julio de 2006, por Soren Triff y José M. González-Llorente

Diario Las Américas, Miami, 26 de agosto de 2006, presentación de Catalejo en lontananza en la Casa Bacardí, aparecen en las fotos Soren Triff, José Manuel González-Llorente, Armando Cobelo, Yolanda del Castillo, Lourdes Abascal y Eduardo Zayas-Bazán Loret de Mola.

10 juin 2012

Hoy en El Nuevo Herald sobre la novela Madrid y yo


Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre la novela Madrid y yo (Ed. Planeta) del escritor colombiano afincado en el Loira, Francia, Andrés Candela:

Enlace directo: Madrid y yo / El Nuevo Herald

Madrid y yo: un combate en las arenas de la vida
William Navarrete
El Nuevo Herald, domingo 10 de junio de 2012

El escritor colombiano Andrés Candela, nacido en 1977, ha vivido lo esencial de su vida en la ciudad de Medellín, Colombia y los últimos ocho años en Francia. Su primera novela, Madrid y yo, publicada por la Editorial Planeta y prologada por Uriel Hernando Sánchez, le ganó el apoyo y recomendación del escritor español Fernando Savater quien, al referirse a ella dijo: “A través del enfrentamiento con el toro en la corrida, es una reflexión poética sobre la lidia con los amores y con la vida misma”.

Madrid y yo nos cuenta, en primera persona, la vida del torero Miguel Madrid, fruto de la imaginación del autor. Nos adentra con certeras y escuetas pinceladas en el ámbito familiar, social, profesional y sentimental de un hombre cuya férrea voluntad le ha colocado de cara a la fama y al éxito. Nacido en el recoleto medio de la pequeña burguesía de la capital española, Miguel debe vencer los obstáculos familiares -un padre convencional y dos hermanos antipáticos- para imponer su vocación taurina. Su madre (de quien toma incluso el apellido), su novia (una italiana llamada Alessia con quien sueñan casi todos los hombres que saben de ella) y un cura aficionado a los toros, serán sus únicos pasaportes para introducirse, a una edad en que para otros hubiera sido demasiado tarde, en un universo de estricta disciplina y devoción incondicional: el de la tauromaquia.

Uno de los grandes aciertos de la novela es la cantidad de información y acontecimientos que aparecen condensados en apenas unas 190 páginas. La novela transcurre en medio día: el tiempo entre el desayuno y el almuerzo de los dos protagonistas, en que hacen un bosquejo de los momentos esenciales de la vida de Miguel Madrid y el presente en que ambos personajes se han unido sentimentalmente. Lo sorprendente será la identidad de quien narra, o sea, de la persona que, contra todo pronóstico y esperanzas, se ha convertido en la pareja oficial del viril torero, de quien notorio es el éxito con las mujeres y lo envidiada de su posición al convivir con una de ellas: Alessia, que reúne todas las virtudes físicas y espirituales hasta ser idealizada como símbolo de quimera para casi todos los hombres que sueñan tenerla como pareja. No será hasta el final de la novela en que el lector descubrirá la identidad de quien nos cuenta la historia del torero y la propia.

Miguel Madrid posee una finca de ensueños llamada La Matilde. El día de su 40 cumpleaños decide reunir allí a sus mejores amigos para ofrecerles una representación taurina única y diferente, teatral y casi operática, en que le perdona la vida al animal, reduciendo la representación al exacto tempo del Bolero de Ravel, pieza que acompañará todo el espectáculo. Esa noche se convierte en el punto de partida para que los dos protagonistas se conozcan. En ese ruedo de intensidad dramática en que Madrid es, una vez más, el centro de atención, nace el amor y con éste, la novela.

El autor había escrito en el 2008 Cartas desde la zona de distensión, una novela en la que abordaba el conflicto colombiano desde una óptica poética e histórica. Columnista de varios diarios y semanarios de su país, está suficientemente informado de las particularidades de la sociedad colombiana y ejercita su ojo crítico con respecto al mundo en que vive mediante sus crónicas y reportajes periodísticos. Ha pasado gran parte de su vida y formación en Medellín, ciudad donde estudió en su Universidad y aunque los toros también se practican en esta última confiesa que nunca asistió a ninguna representación en los ruedos paisas.

Andrés Candela no ha sido un aficionado de los toros. Escribir esta novela lo obligó a explorar concienzudamente un universo del que ignoraba casi todo. Nos habla de ese ámbito con propiedad, y le encantaría que se le perdonase la vida a esos animales que durante 15 años crían para las lidias. “Medellín -ciudad donde me crié- está llena de fiestas taurinas que para mí no son otra cosa que una apología de la mafia con una burda mezcla de las ventas españolas”, aclara cuando intento encontrar en sus orígenes la génesis del tema de su novela.

Actualmente reside en el llamado País del Loira, esa región francesa ajardinada y fértil en que se erigen los célebres castillos del Renacimiento francés. De hecho, Andrés Candela vive casi al pie de uno de éstos: el de Montsoreau, a orillas del caudaloso y ancho río francés. Ha enseñado en universidades e institutos de la región en que reside y acaba de poner punto final a una novela de temática cubana que ha titulado tal vez provisionalmente, Verano indio, en que cuenta la fascinante vida de un exiliado santiaguero en Nueva York durante las tres primeras décadas del exilio cubano.

A juzgar por la calidad de la prosa en su anterior novela y la perfecta imbricación de hechos que forman su trama, la expectativa con respecto a su próxima publicación es significativa. Y es que en Madrid y yo “todo salió de un plumazo, a borbotones y temo que no sea fácil encontrar esas condiciones”, me confiesa al indagar sobre la obra. “Es una novela que puede demostrar que la felicidad sí existe, pero no de la forma en la que nos han enseñado a verla y construirla”, afirma. La novela recuerda el ámbito de la España postfranquista, aunque los hechos narrados correspondan más a nuestro tiempo. Vista en su conjunto es un homenaje a la libertad tan difícilmente conquistada, a la vez que frágil. Cuando esta libertad se adquiere también a título personal no cabe dudas de que la obra se convierte entonces en un canto a la lucha que todo individuo debe llevar a cabo en las arenas de su propia vida.

El Nuevo Herald, 10 de junio de 2012

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21 mai 2012

Nuevo libro de ensayos sobre Nivaria Tejera


En marzo de 2008, un grupo de académicos, escritores y artistas se dio cita en Nueva York con el fin de analizar la obra literaria de la escritora cubano-canaria Nivaria Tejera. Los textos allí presentados acaban de ver la luz, reunidos gracias al empeño de la investigadora canaria María Hernández-Ojeda en un nuevo libro que ha publicado la editorial madrileña Torremozas. Se trata de Canarias, Cuba y Francia: Los exilios literarios de Nivaria Tejera, en que se analiza el significado de la obra de esta importante escritora cubaba, en las letras hispanas y francesas, su experiencia como triple exiliada política, el contexto histórico de sus novelas y el impacto que los regímenes políticos represivos ejercen en los artistas y escritores. Nivaria Tejera es, sin duda,  una de las voces literarias más singulares del siglo XX y XXI a ambos lados del Atlántico. Durante los últimos diez años he tenido el privilegio de leer su obra acercándome a su entorno doméstico y a sus perspectivas agudas sobre el mundo circundante. Poco a poco, sin premuras, cuando el momento lo ha propiciado, he podido colaborar en estrecha, profunda y respetuosa amistad con Nivaria. Algo de ese recuento incluyo en esta entrada porque el tiempo echa capas de polvo a los viejos papeles y porque todo lo que antes expuse, en artículos, entrevistas o antologías, sobre la homenajeada, permanece vigente.

Este nuevo ensayo sobre su obra incluye textos de:  Madeline Cámara, Helena Aráujo, Lourdes Gil, María Díaz Vega, William Navarrete, Marie Houdayer, Andrea Morris, Carol Maier, Jason Weiss, Mabel Cuesta, José Triana, Benoît Verhille, Antonio de la Rosa, Pío E. Serrano y de la propia Nivaria Tejera, sin que olvidemos la portada de la artista Gladys Triana. De más está decir que me siento honrado de aportar una vez más mi granito de arena en hacer visible la admiración que muchos sentimos por ella.

Canarias, Cuba y Francia: Los exilios literarios de Nivaria Tejera, Ed. Torremozas, Madrid, 2012. Portada de Gladys Triana, artista cubana exiliada en Nueva York.

***

Aldabonazo en Trocadero 162 (Valencia, 2008) fue el título que elegimos para este homenaje de treinta y tres autores cubanos dispersos por el mundo (a la excepción de Yoani Sánchez, desde Cuba) para rendir homenaje al maestro de las letras cubanas José Lezama Lima. Nivaria Tejera, quien le conoció personalmente, escribió un ensayo de impresionante agudeza. Con ese libro se abrió la Feria del Libro de Miami de ese año, en donde asistieron una docena de autores presentes en la antología y residentes en esa ciudad. En París, similar presentación hicimos en la Maison de l'Amérique Latine con quienes vivimos en el hexágono. Todavía debe retumbar la voz potente de Nivaria desde que emprendió, ese día, una emotiva lectura de su texto:

En 2005 la revista Encuentro me invitó a participar en el número de homenaje (el 39) dedicado a Nivaria Tejera:



Insulas al pairo fue una hermosa aventura poética que emprendí en 2005 en que me propuse reunir en un volumen antológico algunas poesías de doce autores cubanos residentes en París. De ellos uno, Gilda Alfonso, ha fallecido recientemente, y otra, Lira Campoamor, ha dejado la capital francesa y se ha instalado en Bruselas . El libro fue recientemente reeditado y ampliado. En él no podía faltar Nivaria Tejera con su descomunal obra poética. Cuando digo descomunal no me refiero a la cantidad (cosa que poco cuenta, como se sabe), sino a la calidad que le asegurará merecida inmortalidad:


Espero la noche para soñarte, revolución fue publicado por Nivaria Tejera en francés primero y luego en español por las Ediciones Universal (Miami, 2002). Para esta última tuve el placer, por invitación de la escritora, de escribir el prólogo. Se trata de un libro esencial que desenmascara al totalitarismo a la luz de profundas reflexiones sobre la naturaleza humana. En septiembre de ese mismo año escribí mis impresiones sobre el libro en un artículo periodístico para El Nuevo Herald.



En junio de 2001 publiqué en el boletín 100 Años (n° 18)de la Asociación por el Centenario de la República Cubana, una entrevista que le hice a la autora. La portada de ese boletín fue una de las plumillas de gran calidad y belleza que Nivaria dibujó en los años 1980 y que llama "garabatos":

20 mai 2012

Hoy en El Nuevo Herald, sobre Silvia Baron Supervieille


Silvia Baron Supervielle dedicándome su último libro en su casa en París © William Navarrete

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre Silvia Baron Supervieille a quien tuve el placer de entrevistar en su apartamento de l'île Saint-Louis, en París. Dama de la literatura del Río de la Plata (como le gusta decir) más que de un país o el otro, ha escogido escribir la mayor parte de su obra en francés. Traductora de Borges, de Marguerite Yourcenar, etc., su memoria es como la de Funes, el personaje memorioso de Borges, a quien rinde homenaje en su último libro, Le Pont International, publicado por las ediciones Gallimard.

Pulsar el enlace o leer el artículo a continuación:
Silvia Baron Supervielle, el impulso de los ríos / El Nuevo Herald

Silvia Baron Supervielle, el impulso de los ríos
William Navarrete
publicado el domingo 20 de mayo de 2012
© 2012 El Nuevo Herald. All Rights Reserved.

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Nació en Buenos Aires en 1934, de madre uruguaya y de padre porteño descendiente de franceses. Creció entre dos orillas, la de Argentina y la de la República Oriental del Uruguay, pero un buen día sintió el mismo "impulso misterioso" que uno de los personajes de su último libro y dejó las costas del Río de la la Plata para instalarse a orillas del Sena, en París, donde desde 1961 vive y trabaja.

Silvia escribe con vista al río que atraviesa la capital francesa. Su escritorio es como la proa de un barco siempre presto a zarpar. Una corriente marítima imperceptible le trae imágenes y recuerdos desde el río bonaerense hasta su refugio parisino. Así lo siente cuando aborda infatigablemente el tiempo de su infancia y adolescencia en tierras australes.

"Agradezco al destino el haberme mudado para París" - afirma. "Nunca he entendido los periodos de auge nacionalista que han aquejado a mi país. Desde la época de Rosas el nacionalismo ha sido recurrente. El peronismo, principalmente del comienzo, es una de sus versiones", añade. Para la escritora las demagogias de este modelo son formas primitivas de pensamiento y de gobierno. "Lo nacional es muy cerrado, pero no vamos a hablar de política", concluye.

El puente Internacional (Ed. Gallimard, 2011), su última novela, desentraña aquello que aún para Silvia Baron Supervielle resulta inexplicable. En sus páginas vibran personajes literarios extraídos de textos de Borges, de Juan Carlos Onetti, Joseph Conrad, Samuel Beckett, Willa Cather y Thomas de Quincey. Silvia no los rediseña, más bien los completa. Al borgeano Funes (el memorioso), por ejemplo, lo lleva a descubrir el amor, una licencia que se ha permitido porque ha traducido y frecuentado a su autor, aclaró hace poco durante la presentación de esta novela en la librería Gallimard.

El universo extraño en que sitóa a los personajes de su último libro abarca las dos riveras del río Uruguay, y se extiende entre los poblados de Young, Fray Bentos y Entre Ríos. Los personajes ajenos a estas intertextualidades son dos mujeres (Rosa y Emilia) que sueñan con atravesar el puente Internacional que separa a ambos países. Han estado atadas a seres que, han sido creados por autores que Silvia admira. Las dos mujeres lograrán desprenderse de sus fantasmas, del pasado opresivo y nos asombra la facilidad con que lo harán. Con la huida, los restantes personajes tendrán que regresar a los libros que siempre han habitado.

Resulta admirable la manera en que la autora logra superponer planos que van más allá de la ficción: los personajes recreados conviven sólo a medias con los que la autora ha inventado. Es la razón por la que imaginamos reales a aquellos que Silvia ha creado. Y es que sabemos que Funes, Lucy Gayheart, Winnie o Verloc son ficciones revividas. Cuando al final de su novela reconstruye el desenlace y drama de Amalia, protagonista de la novela homónima de José Mármol y primera de la literatura argentina, ha fundido su propia obra con los orígenes de los que se nutre y ha tendido, a la vez, un puente que explica por qué vivir en desarraigo permite que entendamos mejor el mundo del que venimos. "Por eso que me considero una ríoplatense", aclara.

La autora ha escrito unas doce novelas, once poemarios, un libro de entrevistas a la pintora francesa Geneviève Asse y otro que compila su intercambio epistolar con Margarite Yourcenar, a quien conoció y tradujo. También ha sido traductora al francés de Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández, Roberto Juarroz, Silvina Ocampo, Teresa de Ávila, Ángel Bonomini, Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Juan Rodolfo Wilcock, Arnaldo Calveyra, entre otros.

Al indagar cómo y por qué empezó a escribir también en francés responde: "Cuando escribí mis primeros poemas cortos en francés quedé fascinada. Me dije: ¡qué lindo es no saber escribir! ¡Cuánta economía de palabras y qué interesante resulta sentirnos obligados a decir lo esencial!". Aquellos primeros poemas en francés eran como autorretratos. Se los dio al escritor argentino de expresión francesa Héctor Bianciotti quien se entusiasmó y los mostró a su vez a Maurice Nadeau. Los poemas fueron publicados en  Les Lettres Nouvelles. Silvia entraba así por la puerta grande de la literatura en Francia.

"Tuve miedo que la cultura francesa y todo el peso de su historia me invadiesen", confiesa. "Me di cuenta de que necesitaba crear una manera de escribir, aún cuando utilizase una lengua claramente definida como la francesa. En este sentido mi guía ha sido siempre el escritor irlandés Samuel Beckett quien, como sabemos, cuando se cansaba de escribir en inglés lo hacía en francés y viceversa", afirma.

A lo largo de su vida Silvia ha conocido a muchos autores. Pregunto sobre ese pilar de la literatura francesa que es Margarite Yourcenar. Encontró en los libreros del Sena unos sonetos dispersos escritos por ella, los tradujo al español y se los envió a Gallimard. La editorial se los hizo llegar a la autora de Memorias de Adriano quien vivía ya en el estado de Maine, Norteamérica. "En muy poco tiempo Marguerite Yourcenar, quien conocía perfectamente el español, me escribió entusiasmada con la traducción. Sospecho que ella siempre deseó ser reconocida como poeta más que como narradora. En cierta medida era lo que yo acababa de hacer con esas traducciones. De este modo comenzó nuestra relación, inicialmente epistolar, luego más estrecha cuando nos conocimos personalmente y estuve en su casa en Maine". Aquellos sonetos y otros versos fueron publicados en Madrid, en las Ediciones Visor, en 1982. De la misma autora tradujo su teatro en dos tomos, para Lumen, Barcelona.

La correspondencia con Marguerite Yourcenar fue publicada en 2009 por Gallimard bajo el título de Une reconstitution passionnelle. Le pido nos cuente una anécdota de la gran escritora y evoca aquel día de 1980 en que iba a ser recibida oficialmente como miembro de la Academia de la Lengua Francesa. Se trataba de una nominación muy importante porque era la primera mujer que entraba en esta célebre institución fundada en 1635 por el cardenal Richelieu. "Recuerdo - nos dice Silvia - que ese día, después del acto formal, había una gran cena para homenajear a la nueva académica. Todo el mundo había asistido menos Marguerite Yourcenar quien se había ido a cenar a casa de unos amigos en el barrio del Marais. Ella era así: irreverente y subversiva. Parecía muy dura, pero irradiaba luz. En realidad nunca le interesó mucho el mundo de la Academia".

Silvia va adquiriendo la dimensión del propio Funes. Es bueno preguntarle por las grandes personalidades literarias que ha conocido porque responde con objetividad sin añadir una coma a la relación que ha tenido con ellas. "A Borges lo había conocido superficialmente en Argentina, pero fue en París donde más lo frecuenté; él y su esposa María Kodama vivían en el Quartier Latin. Borges me llamaba 'La Oriental' porque teníamos en común el hecho de que nuestras madres eran uruguayas, algo que para él era importante".

Fue la escritora Silvina Ocampo, de quien Silvia ha traducido al francés dos libros, quien insistió para que conociera mejor a Borges. Tradujo al francés uno de sus libros y se adentró mucho en sus personajes. "Los personajes de Borges son exactamente los que uno hubiera querido inventar. Y además, a partir de su misterio, recrean las posibilidades de los nuestros".

Pregunto por sus planes para 2012. Publicará en Argentina toda su obra poética en edición bilingüe español-francés. La traducción poética, la más difícil, es su especialidad y ella misma está llevando sus versos de una lengua a la otra. "Lo que más me gusta de la traducción - confiesa - es conservar la musicalidad interna, el ritmo, la cadencia o acento de cada autor, más que el sentido de la lengua propiamente dicho". Su propia obra tiene esa cadencia que sabe dar a las palabras. Digamos que si la inspiración le llega a Silvia, marítima y fluvial desde el Río de la Plata hasta el Sena; el ritmo y la musicalidad que impone a sus ideas lo aporta, de cresta en cresta, el movimiento ondulatorio de esas mismas aguas.

16 mai 2012

Impresiones acerca de Lumbres veladas del Sur

Agradezco al joven poeta Jorge Luis Pérez Reyes lo que ha escrito, desde Badajoz, Extremadura, donde vive, acerca de mi poemario inspirado en Marruecos Lumbres veladas del Sur (2008):

Cántaro de aguas aromáticas

Nunca es tarde cuando la dicha es buena. Quedo en deuda con él y sus poemas que me esperan en el buzón.

6 mai 2012

José Martí en Zaragoza

Al número 13 de la calle Manifestación, a escasos metros de la Pilarica, llegó José Martí con diesiciete años y vivió entre 1870 y 1874. Una placa con la primera estrofa de un poema que dedica a Aragón recuerda su presencia en esta ciudad. El poema completo de estos Versos Sencillos es:

VII

Para Aragón, en España,
Tengo yo en mi corazón
Un lugar todo Aragón,
Franco, fiero, fiel, sin saña.

Si quiere un tonto saber
Por qué lo tengo, le digo
Que allí tuve un buen amigo,
Que allí quise a una mujer

Alla, en la vega florida,
La de la heroica defensa,
Por mantener lo que piensa
Juega la gente la vida.

Y si un alcalde lo aprieta
O le enoja un rey cazurro,
calza la manta el baturro
Y muere con su escopeta.

Quiero a la tierra amarilla
Que baña el Ebro lodoso:
Quiero el pilar azuloso
De Lanuza y de Padilla.

Estimo a quien de un revés
Echa por tierra a un tirano:
Lo estimo, si es un cubano;
Lo estimo, si aragonés.

Amo a los patios sombríos
Con escaleras bordadas;
Amo las naves calladas
y los conventos vacíos.

Amo la tierra florida,
Musulmana o española,
Donde rompió su corola
La poca flor de mi vida.


En este edificio de Zaragoza vivió José Martí, el apóstol de Cuba, cuatro años, entre 1870 y 1874 

19 avr. 2012

Metropolis Bleu Festival de Montreal

Los escritores cubanos Wendy Guerra, Eduardo Manet y Leonardo Padura marcan este año con sus presencias y lecturas el Metropolis Bleu Festival de Montreal:

Pulsar:
Radio Canada

18 avr. 2012

Una entrevista en dos partes / SoHo (Colombia)



El escritor Andrés Candela, colombiano afincado a orillas del Loira y al pie de uno de sus míticos castillos, me entrevista para la revista colombiana SoHo que se ha convertido en la revista latinoamericana de mayor difusión en ese continente y se ha extendido a muchos países del río Grande hasta la Patagonia. Aquí la entrevista en dos partes:

Entrevista para SoHo (primera parte)

Entrevista para SoHo (segunda parte)

© Andrés Candela / SoHo


8 avr. 2012

Hoy en El Nuevo Herald / colección Atocha de poesía

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre la colección de poesía hispanoamericana Atocha dirigida desde Madrid por el poeta cubano Santiago Méndez Alpízar (Chago. Los poetas publicados hasta la fecha son: la venezolana Karelyn Bueñano, la colombiana Margarita Vélez Verbel, el mexicano Adán Echeverría, la cubana Odette Alonso y el propio Chago.

Enlace:
Colección Atocha de poesía hispanomaricana / W. Navarrete / El Nuevo Herald


Colección Atocha de literatura hispanoamericana
William Navarrete
© 2012 El Nuevo Herald. All Rights Reserved.
sábado, 7 de abril del 2012

Una nueva colección de literatura hispanoamericana ve la luz al pie de la célebre estación de trenes de Atocha, en Madrid. Se debe al esfuerzo del poeta cubano Santiago Méndez Alpízar "Chago" (Remedios, 1970), establecido en la capital española, con la colaboración del también poeta cubano y residente en Moscú, Andrés Mir.
Bagazo (poemas iberos), el número cero de los ya publicados, es un poemario del propio Méndez Alpízar. Un libro original del que José Antonio Parra señaló la “perspectiva sutilmente alucinada del entramado real y simbólico de Madrid [...] donde expone su palabra densa y desenvuelta”. Lleva un texto de contraportada de Iván de la Nuez y un dibujo de Javier Gazapo, artista residente desde hace más de una década en Gran Canaria.

Parte de la obra poética de Santiago Méndez "Chago" (editor y coordinador del proyecto) nace del entramado variopinto y vital del barrio de Atocha. Allí “los interminables trenes de sangre” de un García Lorca perdido en Nueva York son, para él, interminables historias (y sensaciones) sobre rieles, que suben y bajan de vagones para alejarse o expandirse por las calles de Madrid. Esa materia vital no es simple anecdotario y condiciona favorablemente la selección a la que da cabida esta colección. No median intereses otros que los estéticos, porque no hay mecenas, ni se exprime el bolsillo del artista. Hay voluntad, afirma, de volver al sentido perdido de una editorial que no sea agencia bancaria, negocio o imprenta.

De este modo, entra como número primero La condición del fuego, libro de la poeta Karelyn Bueñano (Mérida, Venezuela, 1980), autora de una decena de títulos, entre los que se destaca Complejo de Dido, con el que ganara el premio de poesía DAES 2003. Bueñano escribe poemas sin nombres. Algunos muy cortos y el todo como un poema que se extiende majestuoso por las páginas de su libro. En uno de ellos se lee: El más antiguo de los míos era un alfarero / nunca supo por qué / había muerto ensangrentado en 1250 / deduje por escudos viejos que hubo por allí una dama respetable / de un apellido montañoso, impronunciable [...]. El lector viaja a los confines de la tierra sudamericana como viajaría también, en los versos de Bueñano, a la esencia misma una vida que la autora prolonga más allá del tiempo que ha vivido.

Continúa con el poemario El libro de las destrucciones, de la colombiana Margarita Vélez Verbel (Sucre, 1968), residente en Cartegena de Indias, jurista y autora de dos poemarios y un libro de ensayos. El libro de Vélez consta de tres partes y lleva un prólogo de Joaquín Robles Zabala, profesor de literatura y comunicación de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Hay versos y prosa poética, además de alusiones a grandes figuras femeninas de la historia y la literatura: Madame Bovary, Augusta, Medea, Antígona. La poesía fluye como dardo impregnado de memoria para cada estrofa. Sus versos hablan de dolores muy profundos, de marcas, estigmas que siguen ( a pesar de ella / porque tal vez lo desea ella) a flor de piel:

Cómo me duelen mi madre y mis abuelas / cómo me duelen sus mundos reducidos al fogón y a las salas de parto [...]

La rebeldía no le cabe en esos versos. Evoca al padre siempre ebrio, violento, a la mujer dependiente de un destino trazado por la noche del tiempo. Culmina su poemario como un designio, con un colofón del tiempo vivido y una premonición inesperada: Breves datos biográficos del autor. Impresiona esa voz de sus entrañas, de las fauces de su ira. Tal vez por ello lleva este poemario una portada que resume, a pesar de lo poco agradable que resulta, la fuerza visceral de esta autora cuyos versos rehúyen el tibio nido.

El tercer título es La confusión creciente de la alcantarilla, del mexicano Adán Echeverría (Mérida, 1975), autor de una decena de títulos entre poemarios, narrativa y antologías. En el libro hay una voz que vigila, acechante en medio de la noche, aquello que juzga e inspira a la vez el comportamiento de los hombres. Es una noche interminable de curas maldicientes y pecadores, charlatanes, poetas, prostitutas, juerguistas y una orgía interminable de todos los sentidos para que la vida misma se convierta en rueda que gira al infinito.

En esa noche de vida y de todos los recuerdos racimos de voces cuelgan como telarañas / habitan en la cornisa de las tejas / habitan la ventana el desagûe los roperos [...]. En lo más profundo de las alcantarillas la muerte espera, muerte que cierra, querámoslo o no, cualquier paréntesis por largo que sea. Echeverría lo sospecha. Bienvenida mi muerte es el poema que reposa al final de todos sus desagües.

Por último, de la poeta cubana establecida en Ciudad de México, Odette Alonso, es la antología, Bajo esa luna extraña. La obra compila parte de su obra: La sed y la llovizna, Palabra que no vuelve, Extranjera, Los días sin fe y Las otras tempestades, hasta llegar a sus últimos poemas inéditos, precedidos de un enjundioso prólogo de la escritora Rita Martín. Es fácil trazar, leyéndolos, las coordenadas que han marcado la ruta emprendida por sus versos. Se mecen suavemente al ritmo de mares y montañas. Viaja, con una valija repleta de sensualidad y percepciones inteligentes. Ese mapa la expulsa de su Santiago de Cuba natal, la lleva justo el tiempo necesario a los soportales de La Habana, la deja indefensa luego, casi perdida, en ese exceso de tierra por todas partes que es la urbe mexicana, para terminar dotándola de un don de ubicuidad poética que la hace vivir (más que en sitios terrenales) en la poesía misma, su nueva y definitiva casa. Entonces leemos: Yo viví en una isla que se hundió para siempre / Desde entonces / en tierra firme / soy un fantasma [...]

La obra de Odette Alonso se lee como una completa sinfonía. Hay una música deliciosa que emana de sus versos y le da admirable unidad al conjunto. No se trata de un estilo uniforme, ni de una voz que se repite, sino de una conciencia innata de que el verso es música por encima de todos los experimentos y más allá de todas las innovaciones. No puede hablar con música quien no la lleve dentro. Alonso no necesitó adquirirla ni tomarla prestada. Su obra, amplia y luminosa, llena de placeres y pesares, de tristezas y alegrías, es esa sinfonía perfecta que se escucha desde el principio hasta el fin sin interrupción alguna.

Deseando larga vida a esta colección hispanoamericana, que su catálogo crezca dando a conocer la obra de autores de todas las latitudes de la hispanidad. Deseable es también que abunden versos y que viajan, poco importa si en barcos o aviones, en trenes o autos, pero que terminen, eso sí, a buen recaudo, sobre letra impresa, al pie de esos andenes de interminables historias de la vieja estación Atocha.


10 mars 2012

La gema de Cubagua / por Luis de la Paz

Diario Las Américas, 8 de marzo de 2012

Una reseña de Luis de la Paz, en el Diario Las Américas sobre mi novela La gema de Cubagua:

La gema de Cubagua
por Luis de la Paz
© Diario Las Américas, Miami, 8 de marzo de 2012

Con mucha imaginación y oficio, el escritor William Navarrete (Banes, 1968) desarrolla en La gema de Cubagua (Legua Editorial, 2011), su primera novela, una historia hilarante en la que los habitantes de un pueblo en Holguín viven momentos de euforia. Ana Isidora, una mujer a punto de cumplir cincuenta años, empeñada en demostrarle a los funcionarios de la Oficoda (oficina cubana encargada de controlar la cuota alimenticia), de que ella “se apellidaba González de Rivera y Tamayo, y no Rivera y Tamayo a secas, como aparecía escrito en la cartilla de racionamiento”, consulta viejos periódicos descubriendo una nota que le daría un vuelco a su vida y al poblado: “Se interesa en conocer el actual paradero de los descendientes del alférez de fragata Juan Bautista González de Rivera y Obeda, fallecido en el hato de Managuaco, término de Holguín, en el año de mil seiscientos noventa y cinco. Los herederos del ilustre discípulo de Magallanes se beneficiarán con una herencia cuyo monto se eleva a ciento setenta y cinco millones de libras esterlinas, depositados en una caja de caudales en el Lloyd’s Bank of London, en Inglaterra”.

Este el punto de arranque de esta deliciosa novela, adornada con situaciones alucinantes, y que tiene como trasfondo la Cuba bajo el castrismo, lo que le permite a Navarrete recoger el marco social y político de la época en que transcurre la narración.

El libro es rico en detalles. Navarrete delinea a los protagonistas con soltura y se regodea en su entorno, prodigando abundantes referencias y descripciones que le imprimen mayor disfrute a la lectura. El autor logra que el lector se sienta parte de un multitudinario encuentro en un estadio por donde desfilan personajes delirantes y esperpénticos, como una machetera millonaria, un delegado del partido, y hasta el Ballet Nacional de Cuba en pleno, con su Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso. Incluso, por las páginas del libro se desliza el poeta holguinero Delfin Prats.

William Navarrete conduce al lector con mucho humor por un pueblo en conmoción, que sueña con la abundancia y la opulencia. Muchos se acercan a Ana Isidora, buscando ser parte de su herencia. Le envían mensajes con súplicas y pedidos; otros aseguran ser también descendientes de los González de Rivera (incluso le escriben cartas desde Nueva York) y reclaman su parte de la herencia. Como es de esperar, las expectativas de la gente están por encima de la realidad, de manera que es imaginable el final de esta historia. Aún así, La gema de Cubagua está basada en hechos reales. Al menos el rumor de un millonario legado se ventiló en la prensa y hasta se hizo una película sobre el tema. Navarrete toma la anécdota y con la habilidad del escritor y mucha imaginación, va más allá de los detalles de los millones en disputa, para adentrarse sutilmente en una miseria ambiente, dictada por la falta de esperanzas de un pueblo envilecido en su cotidianeidad.

Enlace:
La gema de Cubagua / Diario Las Américas

La gema de Cubagua.