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17 juin 2012

Del pasado - Catalejo en lontananza

El 17 de noviembre de 2011 falleció en Miami el querido y elegante amigo José Miguel González-Llorente (La Habana, 1939) quien había vivido durante décadas de exilio en Venezuela, donde había sido empresario y exitoso publicista, antes de establecerse en Miami a mediados de los noventa. Su llegada a Miami coincide con su jubilación y en ese periodo comienza a publicar sus primeros libros de cuentos y novelas. Sobre uno de ellos, titulado Reloj de sangre, ahondé mediante una reseña para El Nuevo Herald del 13 de noviembre de 2005.

Los González-Llorente descienden de una vieja familia gaditana llegada Cuba a mediados del siglo XVIII. Los primeros que se instalaron en Cuba eran los hermanos Alonso y José González-Llorente y Rodríguez quienes estaban establecidos en Bogotá, ciudad que cambiaron por La Habana tras la revolución independentista de la Nueva Granada, en 1810.

Los obituarios tal y como se conciben, con sucesión de fechas, datos, obra, etc. me han parecido siempre de lo más insulsos. De hecho, no suelo escribirlos, sino que más bien espero a que llegue el momento de evocar la pérdida de la persona, el día en que espontáneamente siento que me corresponde hacerlo. José Manuel fue cómplice de presentaciones y actividades literarias en Miami. En una ocasión publicó en la colección La Biblioteca de la Libertad una obra de ensayos con respecto a las bibliotecas independientes cubanas titulada Voces tras las rejas (2004) y me invitó a escribir un artículo que titulé Europa: el fin del letargo que fue publicado en ese libro. Más tarde, en agosto del 2005, íbamos a presentar el poemario de Regis Iglesias Ramírez Historias gentiles antes de la Resurrección cuando el ciclón Katrina, de paso por Miami, nos obligó a suspender la actividad. José Miguel removió cielo y tierra para que el poemario del poeta, entonces cautivo en una cárcel cubana, no pasara al olvido y coordinó entonces, casi en estado de emergencia, una presentación en los antiguos locales del Directorio Democrático, en Miller Drive, en donde junto a Janisset Rivero y el escritor Manuel Vázquez Portal pudimos presentarlo el 30 de agosto de 2005. Un año después, cuando publiqué Catalejo en lontananza (Valencia, 2006), la antología de mis crónicas y artículos periodísticos de tema cubana en un mismo volumen José Manuel coordinó su presentación en el ICCAS de la Universidad de Miami y escribió un hermoso texto titulado Un catalejo que es también lupa, microscopio y anteojo del futuro, leído aquella tarde de julio de 2006.

Desde entonces, nuestra amistad no dejó de fructificar. En su compendio de cuentos La confesión del comandante (2006) me dedicó el cuento Su último libro con un exergo de Borges que lo resume todo: "basta que un libro sea posible para exista". Nadie mejor que él que tanto hizo para que muchos libros existiesen, entre ellos mi Catalejo en lontananza. De su mano de antiguo alumno jesuita y hermano de un sacerdote de esta orden, conocí por dentro la sede del Colegio de Belén en Miami, continuación de la célebre institución educativa cubana, nacionalizada a principios de la revolución de 1959. En aquella ocasión presentó Mártir de Guajaibón durante la inauguración del muro de los mártires, con respecto a antiguos alumnos belemitas fallecidos en estas circunstancias. En su libro, González-Llorente rendía merecido homenaje a su amigo belemita Julián Martínez Inclán, innecesariamente ahorcado, al pie del Pan de Guajaibón, en Pinar del Río, un 28 de diciembre de 1958, por la soldadesca batistiana.

Ahora que rememoro nuestra amistad a evocar también algunos momentos relacionados con mi libro Catalejo en lontananza porque sobre él escribió José Miguel el hermoso texto que mencioné antes. A pesar de ser tan distantes en cuanto a generaciones y vivencias siempre fluyó entre nosotros la amistad como si hubiésemos nos conociésemos desde la infancia. Yo desalmidonaba la seriedad con que José Manuel trataba ciertos temas y él no paraba de reírse de mis ocurrencias e irreverencias. A cambio, recibí el justo valor de la objetividad y la mesura cuando de opinar se trata. Digamos que, durante el tiempo que le frecuenté y las muchas ocasiones que hablamos conocí muchas de las enseñanzas que él adquirió con los jesuitas pero, sobre todo, con la vida. 


Catalejo en lontananza. Crónicas cubanas. 1995-2005, con portada del fotógrafo de Roberto Marquino, Ed. Advana Vieja, Valencia, 2006, 312 páginas.

Afiche de la presentación de Catalejo en lontananza en la 37 Feria del Libro de Valencia

El 29 de abril de 2006 presenté Catalejo en lontananza junto al editor Fabio Murrieta en la 37 edición de la Feria del Libro de Valencia (la más antigua de España)

El periodista y poeta Manuel Vázquez Portal escribió este artículo sobre mi libro en El Nuevo Herald, 20 de junio de 2006.

Olga Connor escribe también en El Nuevo Herald una crónica tras la presentación de Catalejo en lontananza. El Nuevo Herald, 1 de agosto de 2006.

Presentación de mi libro Catalejo en lontananza en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-americanos de la University of Miami, el 27 de julio de 2006, por Soren Triff y José M. González-Llorente

Diario Las Américas, Miami, 26 de agosto de 2006, presentación de Catalejo en lontananza en la Casa Bacardí, aparecen en las fotos Soren Triff, José Manuel González-Llorente, Armando Cobelo, Yolanda del Castillo, Lourdes Abascal y Eduardo Zayas-Bazán Loret de Mola.

12 mars 2012

Alberto Lauro, Marta María Pérez, Grecia, poesía, Madrid...

Momentos de mi reciente viaje a Madrid. Inauguración de la exposición de fotos de la artista cubana Marta María Pérez Bravo en la galería Fernando Pradilla, en el barrio de Salamanca. El poeta y novelista Alberto Lauro me regala su poemario Hijo de mortales, publicado en las ediciones Vitrubio y con el que obtuvo el premio internacional de poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza 2011. Hermoso poemario de inspiración clásica dedicado a Salvador Lemis. Lauro me dedica un poema. Viajan los versos por la Grecia del helenismo. Evoca a Cavafis, a Safo, a Tegnis de Megara, Anacreonte... También dedica un poema a Albis Torres, que aquí incluyo:

In Albis (Torres)

Entre tú y yo
Hay un muro de silencio:
No lo destruyen las palabras.



Marta María Pérez Bravo, Alberto Lauro, Magalis González y William Navarrete en la expo de Marta María Pérez Bravo, en la galería Fernando Pradilla, del barrio de Salamanca. Foto: © Pierre Bignami.

26 déc. 2011

Scarpetta / Miami Beach

Probablemente EL italiano de Miami: Scarpetta, en el Fontainebleau Hotel de Miami Beach. Si comienzan con una Burrata de Primi (nada que envidiarle a la más fresca y artesanal de Puglia, porque fresca y artesanal de Puglia es), lo siguen con un Bigoli (con langosta y cangrejo de Alaska) y un tagliolini al tartufo di Alba, no necesitarán, al final de esta orgía de exquisitos manjares, pedir postre. Sucede que en materia de postres no conozco un solo italiano que haya dado nunca en el clavo. Este tampoco es la excepción. La bodega seleccionada con absoluto rigor. Luego, echarse en un chaise longue del majestuoso y remodelado bar-piscina, bajo una noche estrellada y sublime de Miami, con 25 grados Celsius en plena Navidad mientras por allá arriba arrastran abrigos y palean nieves. Con Navidades a 25 grados cualquiera renuncia a nieves y fríos que, después de todo, je ne connais que de trop:




22 déc. 2011

Asia de Cuba / Mondrian Hotel / Miami Beach

Las mejores croquetas de cangrejo de la playa y el mejor vino de estas latitudes (el Opus One californiano), altamente recomendado. El Asia de Cuba, del Mondrian Hotel, en South Beach, hacía rato merecía le dedicara unas líneas. Entre semana, de preferencia de lunes a miércoles, la calma es absoluta a orillas de la bahía estrellada. El estilo de Marcel Wanders me recuerda demasiado al de Philippe Starck. Si algo bueno tendría la similitud es que el Asia de Cuba de Miami está en armonía con el de Nueva York. decorado por Starck.





5 déc. 2007

Tarde con Nivaria Tejera


Nivaria Tejera y William Navarrete, Paris / © Foto Hanton

Tarde con Nivaria Tejera, festejando la publicación de su célebre novela El barranco, en inglés, en SUNY Press por la Kent State University y traducida por el hispanista Carol Maier. El barranco fue publicada primero en francés, en la Editorial Julliard (1958), gracias al interés de Claude Couffon y Maurice Nadeau. Luego en La Habana (1959) y en lo sucesivo en España y Francia en varias reediciones. Nivaria Tejera nació en Cienfuegos en 1930 y pasó su infancia en Tenerife. En la isla canaria es venerada y una calle lleva su nombre, pues a Nivaria le agarró de niña el golpe militar franquista, como quien dice, en primer palco, ya que por ahí empezó la guerra civil española. El barranco, a mi juicio una de las novelas cumbres de la literatura cubana, narra desde la perspectiva de una niña el comienzo de esa guerra. Dulce María Loynaz y ella, en dos registros muy diferentes, son LAS escritoras cubanas de Tenerife.

La familia regresa a Cuba y Nivaria no tarda en dar sus primeros pasos en la vida literaria cubana. Publica en Orígenes, luego en Ciclón y saca a la luz varios poemarios. En la década de los 50 se instala en París, con su esposo el pintor Fayad Jamís. En esta ciudad nace su hija Rauda, quien también es escritora. Es la época de la primera publicación de El barranco. Al triunfo de la revolución la llaman (como a tantos intelectuales cubanos) para participar en el proceso. Vuelve a La Habana y regresa poco después a Europa con el cargo de Agregada Cultural de Cuba en Roma (1961-1962) y en París (1962-1964). En 1965 escribe una larga carta de renuncia que significa su ruptura definitiva con el régimen. Desde entonces nunca más volvió a pisar suelo cubano y desde entonces vive en París junto a su segundo esposo, el pintor castellano Hantón González, uno de los primeros abstractos españoles, de quien el Reina Sofía prepara una completa retrospectiva.

Nivaria gana con su segunda novela (Sonámbulo de sol) el Premio Seix Barral de novela (1971). A esta novela admirable le sigue Fuir la spirale recientemente escenificada por el grupo de teatro Anonyme, de Lille (Francia).

Ha publicado más de diez poemarios y el n° 39 de la revista Encuentro de la Cultura Cubana le dedica un homenaje en que puede leerse su poema "Rueda del exilado", absolutamente sublime. Ahí aparecen, entre otros, los merecidos textos que le dedican Claude Couffon, Maurice Nadeau y Héctor Bianciotti. La crème de la crème…

En 2002 tuve el honor de prologar su libro Espero la noche para soñarte, revolución, publicado en las Ediciones Universal (con anterioridad en francés) y de que aceptase figurar, ella que es muy grande, en la antología de once poetas contemporáneos cubanos en París que publiqué en 2004. Gesto de deuda inolvidable.

Para Nivaria no existe un género literario. La novela, el ensayo, la poesía se entremezclan despojándose de sus fronteras, desencorsetándose. El resultado es un manantial claro, a veces en forma de torrente que todo barre, otra veces como un remanso cristalino. Nivaria tiene una relación visceral con las palabras. No hay una frase hueca en su obra, no sobra nunca nada. Cada palabra está ahí, en su lugar. Como dijo Lezama y a ella le gusta repetir: "cuando encuentra una palabra no tiene que poner a su lado un abismo sino otra palabra".

Es para mí un lujo compartir, de vez en cuando, nunca tan seguido ni tampoco tan espaciado, una tarde con Nivaria. Que sea en su casa en París, en la mía o en el Castillo de Champlâtreux (del siglo XVI), propiedad del actual Duque de Noailles, donde dispone desde hace años de las estancias que cubren la vista hacia el inmenso parque, la noche siempre nos sorprende sumergidos en la enramada que tejen los versos y las palabras. En Champlâtreux crujen los pisos de cedro al paso de los fantasmas. Las puertas se abren y se cierran en ese espacio irreal. Los árboles milenarios parecen sombras armadas. Allí es mejor dormir con tapones en los oídos para no enterarse uno de nada. En París respiro. No hay sobresalto de fantasmas. Lo prefiero. Nos ponemos delante de esas espigas que crecen en su jardín (la foto es de ayer) y nos creemos entre risas que andamos por el país de los anamitas. Aunque afuera la circulación parezca una de las escenografías de Matrix.