Las araucarias (ahora gigantes) del Parque Calderón, en Cuenca, las trajo en tren pequeñitas y sobre sus rodillas, en 1865, desde Chile, el Presidente Cordero. La Catedral Nueva demoró cien años en ser construida y sus torres quedaron truncas. A pesar de la calidad de los mármoles y del espacio interior, si le añadían las altas torres previstas se hubiera derrumbado. La Catedral Vieja o del Sagrario, del siglo XVI, es modesta pero llena de encanto. El trazado de Cuenca es cuadricular, como corresponde a las Leyes de Indias. A lo largo de sus calles pocos edificios exceden las dos plantas: la arquitectura colonial y la neoclásica se funden armoniosamente. Los museos, conventos y espacios de arte son numerosos. Imposible subir todo lo que uno ve. Quepa como último comentario que a las 12 de la noche brigadas barrecalles limpian las aceras de Cuenca con detergente a presión y mucha agua. Voy a proponerle un cursillo al Sr. B. Delanoé, que sufrimos como Alcalde de París desde hace demasiados años ya, para que aprenda que no basta con ser ricos para ser limpios.
16 déc. 2011
Cuenca tan dulce y tan bella - Ecuador
© Fotos William Navarrete
Las araucarias (ahora gigantes) del Parque Calderón, en Cuenca, las trajo en tren pequeñitas y sobre sus rodillas, en 1865, desde Chile, el Presidente Cordero. La Catedral Nueva demoró cien años en ser construida y sus torres quedaron truncas. A pesar de la calidad de los mármoles y del espacio interior, si le añadían las altas torres previstas se hubiera derrumbado. La Catedral Vieja o del Sagrario, del siglo XVI, es modesta pero llena de encanto. El trazado de Cuenca es cuadricular, como corresponde a las Leyes de Indias. A lo largo de sus calles pocos edificios exceden las dos plantas: la arquitectura colonial y la neoclásica se funden armoniosamente. Los museos, conventos y espacios de arte son numerosos. Imposible subir todo lo que uno ve. Quepa como último comentario que a las 12 de la noche brigadas barrecalles limpian las aceras de Cuenca con detergente a presión y mucha agua. Voy a proponerle un cursillo al Sr. B. Delanoé, que sufrimos como Alcalde de París desde hace demasiados años ya, para que aprenda que no basta con ser ricos para ser limpios.
El Monasterio de las Conceptas, atendido todavía por las monjas de esta orden
En un antiguo hospicio para alcohólicos, construido en el siglo XIX, se ha instalado el Museo de Arte Contemporáneo. Así es de mágico el espacio son de insulsas las obras contemporáneas expuestas.
Esto no es una obra de arte contemporáneo. Es el secado de sombreros mal llamados "de Panamá" (y en realidad ecuatorianos) en la célebre fábrica Homero Ortega, en Cuenca.
El Parque de las Flores
las cúpulas neobizantinas de la Catedral Nueva de Cuenca
Araucarias y Parque Calderón de Cuenca desde los soportales
Un patio de una casa colonial
Arquitectura tradicional en la calle Larga de Cuenca
La Catedral Vieja o del Sagrario, Cuenca
El coro de la Catedral Vieja o del Sagrario de Cuenca
Un fresco de la Virgen, del siglo XVI (el más antiguo de Cuenca), en la Catedral Vieja o del Sagrario.
Cuenca vista desde el Mirador del Turi.
Cuenca tiene también una arquitectura neoclásica relevante.
Las araucarias (ahora gigantes) del Parque Calderón, en Cuenca, las trajo en tren pequeñitas y sobre sus rodillas, en 1865, desde Chile, el Presidente Cordero. La Catedral Nueva demoró cien años en ser construida y sus torres quedaron truncas. A pesar de la calidad de los mármoles y del espacio interior, si le añadían las altas torres previstas se hubiera derrumbado. La Catedral Vieja o del Sagrario, del siglo XVI, es modesta pero llena de encanto. El trazado de Cuenca es cuadricular, como corresponde a las Leyes de Indias. A lo largo de sus calles pocos edificios exceden las dos plantas: la arquitectura colonial y la neoclásica se funden armoniosamente. Los museos, conventos y espacios de arte son numerosos. Imposible subir todo lo que uno ve. Quepa como último comentario que a las 12 de la noche brigadas barrecalles limpian las aceras de Cuenca con detergente a presión y mucha agua. Voy a proponerle un cursillo al Sr. B. Delanoé, que sufrimos como Alcalde de París desde hace demasiados años ya, para que aprenda que no basta con ser ricos para ser limpios.
15 déc. 2011
Cuenca: tan andina como alpina
A orillas del torrente del Tomebamba, tras su paso por Cuenca, las casas de arquitectura montañesa y los elegantes edificios neoclásicos nos hacen pensar que estamos en algún pueblo alpino. Cuenca es una ciudad extremadamente limpia y ordenada. La elevada calidad de vida la sitúa entre los mejores diez lugares del mundo para pasar la jubilación:



Pumapungo es el sitio arqueológico andino en donde comenzó la futura ciudad de Cuenca y el segundo en importancia de Ecuador:

Pumapungo es el sitio arqueológico andino en donde comenzó la futura ciudad de Cuenca y el segundo en importancia de Ecuador:
14 déc. 2011
Hotel Santa Lucía / Cuenca - Ecuador
13 déc. 2011
Un paseo por Quito colonial - Ecuador
© Fotos William Navarrete
Un paseíllo por Quito Colonial, primera ciudad del mundo (junto a Cracovia) en ser declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad. Llegamos en plena celebración de un aniversario más de la fundación de la Villa. Colores y fiestas en todas las plazas y barrios. De noche, citas gourmets en el barrio de La Mariscal (altamente recomendado por la animación nocturna), así como la calle de La Ronda. Contra la altura no hay nada mejor que el Aspegic francés, pero aún así fue inevitable que me despertara todas las noches, hacia las 5 am, con un dolor de cabeza de para qué te cuento. El tecito de coca ayuda pero no basta. Tampoco es como para morirse, pero depende de como a cada cual le dé. Gastronomía de primerísima invención y calidad. Los servicios (al menos para nosotros) de esmeradísima atención y eficacia. Como para dar lecciones a cantidad de lugares del Primer Mundo.
El patio del Palacio Arzobispal
La plaza de San Francisco
La iglesia de la Compañía de Jesús es sin dudas una de las maravillas de Quito
La Catedral de Quito.
El altar mayor de la Catedral de Quito
El Palacio de Gobierno
Las rejas del Palacio de Gobierno vienen del incendiado Palacio de las Tulerías, en París.
También el uniforme de la guardia palaciega quiteña es herencia de uniformes franceses del XIX
Un desfile entre decenas durantes las fiestas fundacionales de Quito
La Basílica del Voto Nacional, de reciente imitación del gótico francés
Un paseíllo por Quito Colonial, primera ciudad del mundo (junto a Cracovia) en ser declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad. Llegamos en plena celebración de un aniversario más de la fundación de la Villa. Colores y fiestas en todas las plazas y barrios. De noche, citas gourmets en el barrio de La Mariscal (altamente recomendado por la animación nocturna), así como la calle de La Ronda. Contra la altura no hay nada mejor que el Aspegic francés, pero aún así fue inevitable que me despertara todas las noches, hacia las 5 am, con un dolor de cabeza de para qué te cuento. El tecito de coca ayuda pero no basta. Tampoco es como para morirse, pero depende de como a cada cual le dé. Gastronomía de primerísima invención y calidad. Los servicios (al menos para nosotros) de esmeradísima atención y eficacia. Como para dar lecciones a cantidad de lugares del Primer Mundo.
Otavalo, Guayllabamba, Cotacachi... Ecuador
© Fotos William Navarrete
Andanzas por los pueblos de las provincias norteñas de Ecuador.
Cotacachi, el pueblo del cuero
Otavalo
El mercado al aire libre de Otavalo
Las famosas chirimoyas de Guayllabamba, al borde de la carretera Panamericana
Una de las típicas figurillas de mazapán en el pueblo de Calderón, al norte de Quito
El volcán Imbabura
Andanzas por los pueblos de las provincias norteñas de Ecuador.
11 déc. 2011
La Virgen del Panecillo - Quito
© Fotos William Navarrete / Elida Hernandez
Una vista espectacular de Quito y los volcanes circundantes desde la Virgen del Panecillo (a 3 000 metros). El nombre de "panecillo" se refiere a esta tipo de formación montañosa (com el Pan de Río de Janeiro, por ejemplo). La virgen es una escultura de aluminio realizada por el peninsular Agustín de la Herrán tan sólo en 1976, pero se ha convertido en el icono de la capital ecuatoriana:




La Virgen del Panecillo vela sobre Quito. Colo la Torre Eiffel en París, aparece al doblar de una calle cuando menos lo esperamos:

Una vista espectacular de Quito y los volcanes circundantes desde la Virgen del Panecillo (a 3 000 metros). El nombre de "panecillo" se refiere a esta tipo de formación montañosa (com el Pan de Río de Janeiro, por ejemplo). La virgen es una escultura de aluminio realizada por el peninsular Agustín de la Herrán tan sólo en 1976, pero se ha convertido en el icono de la capital ecuatoriana:
La Virgen del Panecillo vela sobre Quito. Colo la Torre Eiffel en París, aparece al doblar de una calle cuando menos lo esperamos:
Hoy en El Nuevo Herald / Waldo Balart
Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre el libro teórico que el pintor Waldo Balart ha publicado en Aduana Vieja. El próximo martes 13, a las 18h 60, en la Casa Bacardí de la University of Miami, se proyectará el documental Waldo Balart en concreto del director cubano Luis Deulofeu, sobre la obra del pintor:
Aquí el enlace:
El Nuevo Herald / Waldo Balart
Waldo Balart: reivindicaciones y prácticas del color
William Navarrete
© 2011 El Nuevo Herald. All Rights Reserved.
domingo, 11 de diciembre del 2011
Es común que los amantes de la pintura y el arte en general disfruten de un cúmulo significativo de textos críticos esclarecedores sobre artistas de su interés. Lo inusual es que, más allá de manifiestos de grupos, tendencias y estilos, un pintor publique y ahonde, en forma de tratado, los paradigmas que han guiado (y guían) de forma racional sus instintos artísticos. Digamos que, aquello que le ha servido para dar forma racional y concreta a la expresión pictórica.
Ese artista es el cubano Waldo Balart (Banes, 1931), quien nos ofrece ahora en edición bilingüe español e inglés su tratado La práctica del arte concreto. El camino hacia el conocimiento de la sociedad europea / The Practice of Concrete Art. The European Society’s Path Toward Knowledge (Aduana Vieja, Valencia, 2011), prologado por Alfredo Triff y ampliamente ilustrado, a título de ejemplos, con la obra del pintor.
Un centenar de exposiciones y conferencias acompañan el currículum de este artista concreto, quien por vicisitudes históricas relacionadas con su exilio en 1959, crece y se desarrolla de modo completamente autónomo con respecto a los artistas concretos de la Isla, como Sandú Darié, Loló Soldevilla, Rafael Soriano, Mijares y Salvador Corratgé, entre otros, reunidos ese mismo año en La Habana en la conocida exposición 10 pintores concretos. A Balart le toca otro destino (a mi juicio más risueño) que fue el de vivir a plenitud creativa el Nueva York de los años 60, tomar clases en su Museo de Arte Moderno, trabar estrecha amistad con Andy Wahrol (para quien actúa incluso en dos de sus películas) y decidir, por sí mismo con inusual gesto de autoafirmación total independencia con respecto al pop y adhesión a aquello que se conocía ya como “arte concreto”.
Quienes conocemos el estudio del artista en esa parte del viejo y enjundioso Madrid que recorre la casi cuesta de San Ildelfonso, hemos bajado en un antiguo montacargas, a la bodega-atelier del artista. Allí, fuera de toda posibilidad de luz exterior, el ojo de Waldo Balart descompone, cual prisma, los ocho colores del espectro de luz y, a partir de ellos, siguiendo siempre el orden inviolable de la secuencia de colores, obtiene la materia pictórica necesaria para rellenar las formas geómetricas espontáneas que concibe.
Como muy bien apunta Alfredo Triff en su texto introductorio, comparar el trabajo de Balart al neoplasticismo de Mondrián pecaría de fácil y equivocado. Es cierto que, las formas geométricas desprovistas del sentido personal que les da el color, vistas por aquellos que no logran leer la intención marcada del pintor de respetar la secuencia antes mencionada y lo que de ella emana, dan cierta similitud en el trabajo de ambos. Pero, precisa Triff, “donde terminan las similitudes comienzan las diferencias”.
A partir de cuatro paradigmas: el simbólico-místico (para el Románico y el Gótico), el racional (para el Renacimiento, Barroco, Neoclasicismo y Romanticismo), revolucionario y vanguardista (para el Impresionismo, Expresionismo y Cubismo) y, finalmente, sensible, global y de información instantánea (para las vanguardias del siglo XX: constructivismo, suprematismo y neoplasticismo), el artista devenido teórico recorre magistralmente los momentos estéticos cumbres del último milenio hasta nuestros días. Pone mucho cuidado en limitar su materia de estudio al arte europeo, algo que excluye de facto toda pretensión de abarcar la creación humana universal bajo puntos de vista que sabemos son irreconciliables.
Independientemente de estas consideraciones -que son la materia del libro teórico que Waldo Balart nos extiende hoy-, el hilo conductor del mismo es la impronta del color en cada período y la manera en que el siglo XXI condensa, con más dudas que certezas, toda la experiencia humana en materia de conocimiento. En tiempos en que la mecánica cuántica, la matemática fractal, los medios de comunicación instantáneos, etc, irrumpen en el arte, disponemos (a decir de Balart) de muy pocas certidumbres. Sabiamente nos alienta a “sacar nuestras propias conclusiones en un acto de riesgo continuo, en el cual la certeza de una propuesta se queda en el acto incierto y sin fundamento racional”. El arte y, por extensión, el papel del artista, añade, es “un compromiso ético con la vida a través de la estética”.
No es La práctica del arte concreto... el primer libro teórico publicado por Waldo Balart. Le preceden Ensayos sobre arte (1992) y un sinúmero de conferencias y charlas en las que los cuestionamientos estéticos en este ámbito han estado siempre presentes. Con esta nueva entrega el artista (y teórico) nos aporta, a modo de conversación entre amigos, el haz de luz que él mismo no ha cesado de descomponer y penetrar tantas veces en su búsqueda incesante de respuestas. Sus rayos de esa misma luz que lo inspira y guía se me antojan hilos conductores; el color que atinamos ver, la fantasía necesaria para entender algo más que nada de la razón de ser.
Aquí el enlace:
El Nuevo Herald / Waldo Balart
Waldo Balart: reivindicaciones y prácticas del color
William Navarrete
© 2011 El Nuevo Herald. All Rights Reserved.
domingo, 11 de diciembre del 2011
Es común que los amantes de la pintura y el arte en general disfruten de un cúmulo significativo de textos críticos esclarecedores sobre artistas de su interés. Lo inusual es que, más allá de manifiestos de grupos, tendencias y estilos, un pintor publique y ahonde, en forma de tratado, los paradigmas que han guiado (y guían) de forma racional sus instintos artísticos. Digamos que, aquello que le ha servido para dar forma racional y concreta a la expresión pictórica.
Ese artista es el cubano Waldo Balart (Banes, 1931), quien nos ofrece ahora en edición bilingüe español e inglés su tratado La práctica del arte concreto. El camino hacia el conocimiento de la sociedad europea / The Practice of Concrete Art. The European Society’s Path Toward Knowledge (Aduana Vieja, Valencia, 2011), prologado por Alfredo Triff y ampliamente ilustrado, a título de ejemplos, con la obra del pintor.
Un centenar de exposiciones y conferencias acompañan el currículum de este artista concreto, quien por vicisitudes históricas relacionadas con su exilio en 1959, crece y se desarrolla de modo completamente autónomo con respecto a los artistas concretos de la Isla, como Sandú Darié, Loló Soldevilla, Rafael Soriano, Mijares y Salvador Corratgé, entre otros, reunidos ese mismo año en La Habana en la conocida exposición 10 pintores concretos. A Balart le toca otro destino (a mi juicio más risueño) que fue el de vivir a plenitud creativa el Nueva York de los años 60, tomar clases en su Museo de Arte Moderno, trabar estrecha amistad con Andy Wahrol (para quien actúa incluso en dos de sus películas) y decidir, por sí mismo con inusual gesto de autoafirmación total independencia con respecto al pop y adhesión a aquello que se conocía ya como “arte concreto”.
Quienes conocemos el estudio del artista en esa parte del viejo y enjundioso Madrid que recorre la casi cuesta de San Ildelfonso, hemos bajado en un antiguo montacargas, a la bodega-atelier del artista. Allí, fuera de toda posibilidad de luz exterior, el ojo de Waldo Balart descompone, cual prisma, los ocho colores del espectro de luz y, a partir de ellos, siguiendo siempre el orden inviolable de la secuencia de colores, obtiene la materia pictórica necesaria para rellenar las formas geómetricas espontáneas que concibe.
Como muy bien apunta Alfredo Triff en su texto introductorio, comparar el trabajo de Balart al neoplasticismo de Mondrián pecaría de fácil y equivocado. Es cierto que, las formas geométricas desprovistas del sentido personal que les da el color, vistas por aquellos que no logran leer la intención marcada del pintor de respetar la secuencia antes mencionada y lo que de ella emana, dan cierta similitud en el trabajo de ambos. Pero, precisa Triff, “donde terminan las similitudes comienzan las diferencias”.
A partir de cuatro paradigmas: el simbólico-místico (para el Románico y el Gótico), el racional (para el Renacimiento, Barroco, Neoclasicismo y Romanticismo), revolucionario y vanguardista (para el Impresionismo, Expresionismo y Cubismo) y, finalmente, sensible, global y de información instantánea (para las vanguardias del siglo XX: constructivismo, suprematismo y neoplasticismo), el artista devenido teórico recorre magistralmente los momentos estéticos cumbres del último milenio hasta nuestros días. Pone mucho cuidado en limitar su materia de estudio al arte europeo, algo que excluye de facto toda pretensión de abarcar la creación humana universal bajo puntos de vista que sabemos son irreconciliables.
Independientemente de estas consideraciones -que son la materia del libro teórico que Waldo Balart nos extiende hoy-, el hilo conductor del mismo es la impronta del color en cada período y la manera en que el siglo XXI condensa, con más dudas que certezas, toda la experiencia humana en materia de conocimiento. En tiempos en que la mecánica cuántica, la matemática fractal, los medios de comunicación instantáneos, etc, irrumpen en el arte, disponemos (a decir de Balart) de muy pocas certidumbres. Sabiamente nos alienta a “sacar nuestras propias conclusiones en un acto de riesgo continuo, en el cual la certeza de una propuesta se queda en el acto incierto y sin fundamento racional”. El arte y, por extensión, el papel del artista, añade, es “un compromiso ético con la vida a través de la estética”.
No es La práctica del arte concreto... el primer libro teórico publicado por Waldo Balart. Le preceden Ensayos sobre arte (1992) y un sinúmero de conferencias y charlas en las que los cuestionamientos estéticos en este ámbito han estado siempre presentes. Con esta nueva entrega el artista (y teórico) nos aporta, a modo de conversación entre amigos, el haz de luz que él mismo no ha cesado de descomponer y penetrar tantas veces en su búsqueda incesante de respuestas. Sus rayos de esa misma luz que lo inspira y guía se me antojan hilos conductores; el color que atinamos ver, la fantasía necesaria para entender algo más que nada de la razón de ser.
10 déc. 2011
Desde la Mitad del Mundo - 0 ° - 0' - 0'' / Ecuador
© Fotos William Navarrete
Es un sitio simbólico pero no quería perdérmelo. Lo llaman La Mitad del Mundo, se halla a unos 13 kms. al norte de Quito, a 2 483 m. de altitud y es por donde pasa la línea del Ecuador. Por supuesto, dicha línea pasa por muchos otros lugares del mundo, pero resulta que es aquí en donde, dada la altura significativa, una expedición científica, esencialmente integrada por franceses (La Condamine, Jussieu, Bouguer, etc.), midió y calculó, en 1736, el centro de la Tierra. El sitio está hoy día preparado para recibir a todos los que quieran creer y sentir que se hallan en el centro del mundo. El paisaje es espectacular. Los pabellones científicos (incluido el de Francia) poca cosa. El museíllo etnográfico sito en el Monumento Ecuatorial nada del otro mundo. Los restaurantes como los de todos los sitios de este tipo. Un dato curioso: los científicos de la época se equivocaron, al parecer, de unos 300 metros, pero establecieron definitivamente que el planeta se achataba en los polos y se abultaba en el Ecuador. Por otra parte, una plaza y un monumento dedicados a José Martí, con una de sus frases sobre las Américas, se halla a pocos pasos del Monumento Ecuatorial, camino de las tiendas de artesanías y souvenirs.




Es un sitio simbólico pero no quería perdérmelo. Lo llaman La Mitad del Mundo, se halla a unos 13 kms. al norte de Quito, a 2 483 m. de altitud y es por donde pasa la línea del Ecuador. Por supuesto, dicha línea pasa por muchos otros lugares del mundo, pero resulta que es aquí en donde, dada la altura significativa, una expedición científica, esencialmente integrada por franceses (La Condamine, Jussieu, Bouguer, etc.), midió y calculó, en 1736, el centro de la Tierra. El sitio está hoy día preparado para recibir a todos los que quieran creer y sentir que se hallan en el centro del mundo. El paisaje es espectacular. Los pabellones científicos (incluido el de Francia) poca cosa. El museíllo etnográfico sito en el Monumento Ecuatorial nada del otro mundo. Los restaurantes como los de todos los sitios de este tipo. Un dato curioso: los científicos de la época se equivocaron, al parecer, de unos 300 metros, pero establecieron definitivamente que el planeta se achataba en los polos y se abultaba en el Ecuador. Por otra parte, una plaza y un monumento dedicados a José Martí, con una de sus frases sobre las Américas, se halla a pocos pasos del Monumento Ecuatorial, camino de las tiendas de artesanías y souvenirs.
3 déc. 2011
2 déc. 2011
Una antología de Juan Francisco Pulido
He estado leyendo, de atrás para alante - suelo hacerlo así - la antología del joven escritor abortado Juan Francisco Pulido nacido en Cienfuegos, en 1978. A los 23 años de edad se suicidó en Minnesota, en 2001. Ha dejado una obra que merece ser leída. La Ed. Silueta (Miami) tiene el mérito de haber publicado casi todo lo que escribió.
Hay un cuento genial: "Summer Blackout". Yo calculo que no debía de tener más de 20 años cuando lo escribió. Humor y originalidad por tubería. La locura y la sombra negra del suicidio al doblar de cada frase. Me hubiera gustado conocer las fechas de algunos textos. De éste sobre todo. Tal vez nadie conozca las fechas. De todas forma qué importancia pueden tener cuando alguien decide matarse con tan poca edad y tanto talento.
Es triste ser gato y ser tuerto, de Juan Francisco Pulido.
Hay un cuento genial: "Summer Blackout". Yo calculo que no debía de tener más de 20 años cuando lo escribió. Humor y originalidad por tubería. La locura y la sombra negra del suicidio al doblar de cada frase. Me hubiera gustado conocer las fechas de algunos textos. De éste sobre todo. Tal vez nadie conozca las fechas. De todas forma qué importancia pueden tener cuando alguien decide matarse con tan poca edad y tanto talento.
Es triste ser gato y ser tuerto, de Juan Francisco Pulido.
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